Permitirme presentarme.
Escribo ahora que parece ser que las comunicaciones han sido reestablecidas.
Tras el ataque a la antena los pocos supervivientes de la ciudad pensabamos que el único contacto que tendríamos con el exterior se limitaría a las pocas horas de emisión de televisión que nos permiten recibir. ¡Adios a la televisión por cable!¿Quién necesita una TDT?
El ejército no permite más que contactos supervisados con el exterior por miedo al imaginario traspaso vírico que podamos ocasionar al mundo libre.
Cabrones. Como si todavía hubiera gente que se tragara la excusa de la epidemia.
Y si todavía hubiera alguien para eso estoy aquí.
Muchos sucesos han acontecido desde el principio de nuestro fin y hasta ahora nada ello ha sido documentado con visos de realidad. El gobierno los tergiversó a su antojo con la esperanza del controlar el pánico creciente en el pais. Supongo que el miedo era su mejor excusa y no les puedo culpar por ello. ¿Que quereis que os diga? La noticia de unos seres salidos del Infierno dando mamporros en nuestra ciudad no era muy facil de tragar.
Ahora todo está en calma. Ha llovido y hace un frío de narices. Demasiado frío para que salgan a la superficie a buscar su siguiente víctima.
Por eso aprovecho esta semana de relax para escribir estas líneas. Supongo que así conseguiré poner un poco de orden en mi vida. Darle un significado que en algún lugar del camino perdí.
Sólo soy un superviviente sin rumbo.
Todo comenzó hará un año y medio. Era una mañana soleada de sábado en la que parecía que todos habían sacado sus coches a pasear. El trafico estaba infernal. Los atascos se sucedían alentados por las obras que paralizaban media ciudad. ¿Qué que hacían trabajando un sábado por la mañana? Yo que sé. Supongo que el político de turno deseaba que todo estuviera acabado y en perfecto estado antes de la inauguración de la exposición internacional -que por cierto, se tenía que haber inagurado este año-.
La cuestión es que de una de esas obras se desató el caos. Según me comentaron después la cosa fué más o menos así: una cuadrilla de obreros realizaba una excavación en una de las avenidas del este. La excavadora cayó. Perdió el equilibrió por un pequeño temblor localizado en su zona o un corrimiento de tierra -la cosa no está muy clara-, atrapando en su caída al pobre operario.
Creo que sus compañeros bajaron a rescatarlo con urgencia pero entonces el suelo tembló -eso sí es seguro, se notó en toda la ciudad- y el pánico se adueñó de ellos. Ignorando los gritos de auxilio de su compañero salieron prestos del socavon para salvar sus vidas.
Instantes después una explosión expulsó al aire toneladas de tierra y rocas provocando no pocos heridos, y de ella surgieron varias... bolas de fuego. Como si meteoritos volaron por la ciudad atravesando calles y edificios, impactando como bombas en las calles. Una de ellas cayó a pocos metros de mí.
Mi compañero y yo disfrutabamos del día con vistas a un relajado fin de semana. El turno nocturno había sido duro pero ahora enfilabamos nuestro coche patrulla a cocheras para despedirnos de todo hasta el lunes. Hablabamos distendidamente sobre nuestro tema favorito, el sexo, mientras mentiamos descaradamente sobre nuestras escasas proezas en ese ámbito. Era divertido. Supongo que lo hecho de menos. Un agudo silbido distrajo nuestra atención al tráfico y al mirar al cielo vimos como una gran masa incandescente atravesaba el edificio de nuestra izquierda para arrasar con los coches aparcados unos cien metros delante nuestro. La onda expansiva del impacto rompió los cristales de toda la calle, quebrando los cristales de nuestro coche patrulla.
El primero en salir fue Javier. Se dirigió directo al punto de impacto ignorando a los transeutes mal heridos de la acera. Yo me distraje un poco observando el pandemonium que en pocos segundos se había creado. ¡Qué demonios! Me quedé paralizado ante el horror de la escena. Aquello parecía beirut en sus malos tiempos. Un ataque terrorista a gran escala.
Pero Javier no. Javier siguió avanzando hasta que podía sentir el calor que emanaba de la nueva fosa creada. Lo oí gritar: -¡Oiga! ¿Se encuentra bien?
El humo que envolvía la zona cero apenas dejaba verle pero de pronto observé que desenfundaba su pistola y apuntaba hacia el agujero. Corrí hacia él sin pensarmelo dos veces.
Una enorme figura salpicada en llamas aparecía carcajeandose poco a poco a traves de aquella cortina de humo. Después del aviso mi compañero le disparó a bocajarro. Pero aquello seguía avanzando. Vi a Javier temblar mientras vaciaba el cargador de su arma sobre aquel monstruo pero la gigantesca mano de aquel ser le agarró la cabeza -como si de una puta pelota de baloncesto se tratara- y lo lanzó a los aires. Supe que estaba muerto antes de verlo rebotar contra la fachada de aquel edificio.
Como de un efecto teatral se tratara el humo desapareció mostrando aquel ser en todas sus formas. Cuando eres policia te entrenan para hacer frente a diferentes tipos de amenazas, vagos, maleantes, etc... pero nada te puede preparar para actuar ante algo así. ¿Qué puedes hacer contra un ser de unos cuatro metros de alto que parece sacado de un comic de terror? Sus cuernos -aun los recuerdo fijos en mis pesadillas- aún envueltos en fuego. Sus ojos enloquecidos inyectados en sangre. Sus alas -porque sí, tenía y tienen alas- demoniacas se abrieron en todo su gótico esplendor en un acto de superioridad como si de un tarzan del Infierno se tratara.
En aquel caos los meteoritos infernales no pararon de surgir y destrozar la ciudad. Y de cada uno de ellos surgía uno de esos seres arrasando con cada vida que encontraba su paso.
Aquel fue el peor día de esta ciudad.

2 comentarios:
Te has quedado a mitad
Es que he estado un poco liado, jeje
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